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Celebrando la naturaleza: la rueda del año

Hola soy Llanos del blog Be Salvaje. Muy contenta de estar por este bello espacio de Tamara por segunda vez y hoy vengo a hablarte de las celebraciones de la naturaleza. 

Hasta hace unos años las celebraciones de nuestra cultura no significaban mucho para mi. Más allá de ser momentos de juntarme con la familia, amigos y celebrar, no conectaba con su sentido religioso ni con el comercial. 

Celebraciones como  la Navidad, la Pascua, Los Santos o San Juan no eran más que meras fiestas sin mucho significado. 

Fue según fui descubriendo el significado ancestral y pagano de estas celebraciones que las fui sintiendo mucho más cercanas. 

De repente tomaban un significado real, el significado de la celebración del ciclo de la luz y las estaciones. 

Ahora compramos nuestra comida en supermercados y tenemos luz eléctrica  pero antaño, el ciclo de la luz y las cosechas era de vital importancia. Tanto la luz y el calor, como la oscuridad y el frío formaban parte del ciclo y muchas culturas y pueblos han celebrado los pequeños cambios. 

El cristianismo se encargó de borrar de la memoria de la gente este significando, adaptándolo a sus necesidades. Pero es hora de recuperarlo porque es una manera de sentirnos más cerca de la naturaleza, de celebrar cada pequeño cambio y regalo que nos ofrece. 

Y es compatible con la fe cristiana, siempre se puede entender este significado ancestral porque es tangible, influye en nuestras vidas, podemos verlo, sentirlo e incluso comerlo. 

La Rueda del año 

Y ¿qué es esto de la Rueda del año? 

Pues el nombre en mi opinión ya lo explica muy bien. 

Imagina el año como si fuera una rueda y esta rueda tiene radios, 8 radios para mantenerse fuerte. 

Esto divide nuestra rueda en 8 partes iguales, cada una de estas partes es una cuarentena. Cada radio es pues, una celebración para marcar el cambio. 

Así la rueda del año son 8 celebraciones basadas en el ciclo de la luz y las estaciones. Su raíz está en el calendario pagano y pre-cristiano europeo, la vieja Europa. 

Todavía las celebras cada año muchas de estas celebraciones. 

¿No te parece poderoso que celebraciones como la Navidad, San Juan o Halloween tengan una raíz tan ancestral y en sintonía con la naturaleza? 

Transmitir esto a nuestros hijos es una manera de sentir y celebrar cada pequeño paso y cada regalo que la naturaleza nos ofrece. 

 

La mitología

La Rueda del Año se basa en la idea de que el sol nace y muere cada año. 

Antes de la ciencia, los mitos explicaban los fenómenos naturales. En muchos mitos el sol toma forma de dios/hombre, es la energía masculina, la energía femenina será la tierra. Su relación: la vida. 

La rueda celebra la ciclicidad del ritmo de la luz. 

En el solsticio de invierno el sol nace y es tan solo un bebecito (atención a su parecido con el niño Jesús.) Va creciendo a través de las celebraciones de la primavera y tomando fuerza hasta el solsticio de verano cuando llega a su triunfo. Después va envejeciendo a través de las celebraciones de la cosecha hasta su muerte en Noviembre, por Los Santos/Halloween. 

Así cada año, pasito a pasito, cuarentena a cuarentena, viajamos por un ciclo perpetuo que llena de anclajes nuestro año y nuestras celebraciones en familia. 

Vamos a ver cada una de las celebraciones, seguro que muchas ya las conoces. 

Las celebraciones de La Rueda del Año

La Rueda comienza al acabar la cosecha y con la entrada del frío y la oscuridad. Doy el nombre cristiano y el pagano. 

  • Los Santos/Samain (1 Noviembre) – La naturaleza nos regala la oscuridad y celebramos el final de la cosecha. Al igual que las plantas que laten en semilla y pierden sus hojas, comenzamos el viaje hacia el interior. 
  • Navidad/Yule (21 de Diciembre). Solsticio de invierno. En lo más oscuro del invierno, celebramos el nacimiento del bebé sol con esperanza. A partir de este día los días empiezan a hacerse más largos. Tiempo de recogimiento y de mirar al interior, manteniendo siempre una llamita. 
  • La Candelaria/Imbolc (1 de Febrero) – El cambio ya se palpa, las hembras entran en celo y las semillas comienzan a germinar bajo tierra. El bebé sol que nació en el solsticio, va tomando fuerza. Encendemos velas y hogueras para avivar y animar la llegada de la primavera. La llama del corazón comienza a crecer. 
  • Pascua/Ostara (21 de Marzo). Equinoccio de primavera. Las noches y los días son igual de largos. La vida explota. Los huevos, las liebres y los nidos simbolizan la fertilidad que nos regala la primavera. Sentimos esta energía también en nuestro interior. 
  • Los Mayos/Beltane (1 de Mayo) – Celebramos la fertilidad de la primavera con simbología pagana explícita. Los muchachos del pueblo traen un árbol para instalarlo en la plaza del pueblo. Flores, cintas, bailes y comidas de campo nos hacen compartir en comunidad la llegada del calor y el tiempo de luz. 
  • San Juan/Litha – (21 de Junio), solsticio de verano. Celebramos el triunfo del dios sol y  la energía expansiva de los largos días y de la vida. En muchos lugares se celebra la noche más corta con hogueras, agua y hierbas mágicas. Los entes mágicos hadas, duendes y gente pequeña aparecen.
  • Fiestas patronales/Lammas (1 de agosto) – Celebramos la cosecha. Durante agosto se hacía la cosecha del trigo. Se fueron convirtiendo a la celebración de los santos y santas patronas de los pueblos en agradecimiento a la cosecha. Agradecemos desde el corazón. 
  • San Miguel/Mabón (21 de Septiembre). Equinoccio de otoño. Los días y las noches son igual de largos y se nota ya el retroceso de la luz. Agradecemos la cosecha y los frutos de la tierra. Comienza la preparación para el invierno y con los días más cortos comenzamos a mirar hacia el interior de nuevo. 

Celebraciones en familia 

Todas las tradiciones y religiones han sabido utilizar el poder de las celebraciones. 

La pedagogía Waldorf, no es menos y le da mucha importancia a las celebraciones a través del año y se entienden desde el significado cristiano y el de su raíz en los ciclos de la naturaleza. 

Las celebraciones marcan nuestros recuerdos, nos unen en comunidad, en familia, nutren el espíritu, marcan el pulso y nos dan anclajes a través del año. 

Es por medio de estas celebraciones que vamos viajando durante el año disfrutando y agradeciendo cada uno de los regalos que nos traen las estaciones, haciendo diferentes actividades según la disposición de materiales o el clima o el largo de los días. 

Por eso pienso que la Rueda del año y la pedagogía Waldorf tienen mucho en común. De hecho muchas de las fiestas y su significado van de la mano. 

Las niñas y niños aprenden el pulso de la luz: recogimiento e interiorización en las fiestas invernales y expansión en las fiestas estivales. 

Conexión hacia dentro y hacia fuera, con ellos mismos y con su mundo. Aprenden a valorar lo maravilloso de cada momento, a conocerse y a amar la naturaleza. 

Recuperar este significado de las celebraciones nos une a la naturaleza y sus ciclos, ayudando a romper la brecha de nuestra sociedad con el mundo natural y haciéndonos sentir más cerca de la Madre Tierra. 

Sobre mi y BeSalvaje

Puedes pasarte por mi blog BeSalvaje si quieres profundizar más en las celebraciones de la Rueda del Año y en una maternidad en contacto con la naturaleza. 

Y si quieres descargar el poster de la Rueda del año en formato digital gratis, el de la foto de portada, puedes suscribirte a la newsletter (enlace arriba) y en el primer email lo tendrás de regalo con los otros descargables. 

Gracias Tamara y equipo por ofrecerme de nuevo un pequeño rincón en vuestro maravilloso blog y a ti por haber llegado hasta el final del post 😉

Paz, amor y naturaleza, 

Llanos

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Sobre la autora
Tamara Chubarovsky

Soy creadora de las Rimas con Movimiento® y de Thono® (terapia holística del nombre), así como del uso del cuento como herramienta pedagógica.

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