Tips de comunicación afectiva y efectiva
Veamos cómo comunicarnos de forma eficaz y efectiva. Cómo dar órdenes que lleven a la acción y poner límites amorosos a los niños. Cuánto más pequeño es el niño, tanto más importante es cómo decimos las cosas, ya que el niño presta más atención y es más sensible al contenido emocional de nuestras palabras. Así es que cuando le decimos que se tranquilice hablándole con nerviosismo, difícilmente se tranquilizará. Del mismo modo será difícil que hable más flojo si se lo pedimos gritando…
También deberíamos evitar los mensajes confusos e irónicos como se da el caso cuando decimos “qué bonito, no”, en tono feo y regañando. Lo mismo ocurre cuando decimos ¿Puedes lavarte los dientes?, en tono duro e imperativo.
Nuestro tono y melodía al hablar influyen en los niños. Podemos calmarlos con un tono sereno y cálido, activarlos con un tono dinámico. Pero también podemos desorientarlos, confundirlos, por eso es vital que tomemos conciencia de nuestro tono de voz y de las emociones que emitimos al hablar.
Otro problema actual es que tendemos a hablar a los niños pequeños con frases largas y complejas, dando exceso de explicaciones, cuando para el niño es un alivio escuchar una orden clara y simple como ¡Nos ponemos los zapatos! El peligro no está en la frase, sino en la emoción de nuestras palabras. Si lo decimos de manera dura, seca o gritando, se transforma en una frase negativa.
Si decimos, “venga, cariño, vamos, que hay que ponerse los zapatos, ¿te parece? ¿Nos ponemos los zapatos?.” hay exceso de simpatía y duda y difícilmente será eficaz. Posiblemente a continuación pasemos a la antipatía, con un grito “¡te he dicho ya 10 veces que te pongas los zapatos!” Suelo hablar de la importancia de hablar con claridad, de manera neutral, sin antipatía y a la vez con decisión y entusiasmo. Sin ñoñería y a la vez de manera cálida y natural. ¡Nos ponemos los zapatos, que nos vamos al parque!, puede ser dicho con entusiasmo y alegría, con un tono que invite a ponerse los zapatos.
No es pecado hablar con claridad, siempre que la emoción no sea negativa. Falta de claridad en nuestra expresión hace que los niños no comprendan, sea poco efectivo y luego subamos el tono, con las consecuencias que esto conlleva. Porque el grito no resuelve nada y tiene un impacto negativo hasta en lo fisiológico, ya que produce cierta contracción respiratoria. El grito a su vez nos delata, evidencia nuestro propio desbordamiento emocional y falta de control. En cambio cambios en nuestra propia conducta y manera de hablar, suelen tener un impacto muy positivo en la conducta de los niños.
1. Cómo dar órdenes que lleven a una acción
2. Cómo poner límites. Decir que NO
Cuanto más pequeños son los niños más necesitan que nos expresemos de manera simple, clara y sin apelar a su capacidad de razonamiento. Necesitan coherencia entre lo que decimos y la energía que transmitimos.
3. Comunicarte desde el corazón
Sin ñoñerías con amor y calidez.





